LA CONDUCCIÓN AL SEPULCRO


Go to content

Main menu:


Noticias

Noticia del periódico ABC sobre la restauración el grupo escultórico. 27.03.2005

La Real Cofradía del Santo Entierro, que sale en procesión cada tarde de Viernes Santo por las principales calles de Zamora, sacó a la luz este año la imagen renovada del paso de «La conducción al sepulcro» gracias a las labores de restauración de Patricia Ganado y Nuria González ZAMORA. «La conducción al sepulcro», obra del bilbaíno José María Garrós, costó casi 1.500 euros, que se obtuvieron con los donativos de los propios cofrades y los devotos de la época y salió por primera vez en procesión el 5 de abril de 1901. Más de un siglo después, dos restauradoras han tardado dos meses en devolver el esplendor que tanto el paso del tiempo como los múltiples retoques de manos inexpertas y apresuradas, habían hecho desaparecer. Patricia Ganado y Nuria González coinciden en afirmar que lo más complicado de estos dos meses de trabajo ha sido la limpieza. «Nos ha llevado el 80 por ciento del tiempo», asegura Nuria González, quien reconoce que «personalmente, tiene un tipo de pintura que no había tratado mucho, porque son tallas de madera y telas encoladas de relativamente hace poco tiempo. Las manos, los pies, la cabeza y el torso de Jesucristo son madera, pero los trajes tienen un tratamiento especial». Su compañera añade que «las policromías son totalmente distintas a las antiguas, responden de forma diferente a los disolventes». Otra de las dificultades de «La conducción al sepulcro» ha sido el solventar los arreglos poco profesionales que el paso ha sufrido en estos años. «Como salía todos los años, no paraban de hacerle «arreglillos» y estaba lleno de pegotes», explica Ganado. La opción de las restauradoras ha pasado por «arreglar cada grieta que se ve, en vez de darle simplemente pintura por encima como se hizo en esta obra, que estaba repleta de repintes», señala González. La cera que tenía para que brillara más ha sido otro de los obstáculos que han tenido que superar. Como las tallas se habían vuelto impermeables y no se podían tratar, las dos restauradoras tuvieron que aplicar calor con una pistola, mientras retiraban la cera con algodón. El resto han sido «problemas típicos de un paso procesional». Estas trabas pasan por la suciedad, que en los pies apenas dejaba ver que las figuras calzaban sandalias, las grietas o el desprendimiento de la pintura, algo habitual en un paso que se carga a hombros por varios cofrades, lo que provoca un excesivo movimiento. Además, «antes no se guardaban en sitios adecuados y se mojaban con facilidad por la lluvia o las goteras», indica Patricia Ganado. Tras la limpieza, el sellado de las grietas y el sentado del color, uno de los pasos más delicados fue la reconstrucción de algunas partes de los pies, que estaban rotos. «Se utiliza una especie de resina de madera, con la que se moldea el dedo que falta. Después se coloca con espigos de madera para reforzar la zona y evitar que se vuelva a partir», revela Ganado. Todos estos trabajos los han realizado en una sala habilitada en el propio Museo de Semana Santa, donde han convivido mañana y tarde con las ocho figuras que componen el paso: José de Arimatea, Nicodemo y San Juan, que portan a Jesús sobre una sábana, y la Virgen María, consolada por María Salomé, María Cleofás y María Magdalena. Una escena que Garrós realizó con pino de Navarra e inspirado en un cuadro del pintor italiano
Antonio Ciseri. A pesar de su juventud, ambas tienen amplia experiencia. Precisamente, Patricia Ganado, licenciada en Bellas Artes y Restauración, lleva tres años rehabilitando varios pasos zamoranos. En este tiempo, ha trabajado en pasos como «La sentencia», «La Vera Cruz» o «El Cristo del Amparo».


Back to content | Back to main menu