LA CONDUCCIÓN AL SEPULCRO


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La Conducción al Sepulcro I

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El motivo del paso la Conducción al Sepulcro es probable que a pesar de haberle sido impuesto el modelo al escultor, mostrándole el cuadro de Antonio Ciseri, aprobado por la junta de la Cofradía del Santo Entierro, José María Garrós Nogué conociera el tema por el dibujo que el escultor catalán Damián Campeny y Estrany había realizado en 1816 para el paso del Santo Entierro encargado por el gremio de revendedores de Barcelona -en el contrato figura: “ deposición del Señor en el Santo Sepulcro”-. Recoge el traslado del Cuerpo de Cristo en el sudario por Nicodemos y José de Arimatea, seguidos de las tres Marías. Presenta cierta similitud con las actitudes de nuestro paso.
El escultor Damián Campeny fue uno de los mejores escultores Neoclásicos de la parte oriental de España y su labor docente influyó en la formación de gran parte de los escultores ochocentistas (pensamos que muy probablemente José María Garrós Nogué, nació en Barcelona, tuvo su formación en esta ciudad, bebiendo de esta fuente, hasta que se trasladó a Bilbao, donde estableció su taller).
El tema primitivo del cuadro probablemente parta de unos bocetos y cuadro del Museo Capitolino (Roma) que se titula “Entombent: enterramiento”. Aparece una procesión en la que un soldado romano y otras dos figuras transportan el cuerpo muerto de una persona en una sábana, lleva descubierto el cuerpo y las piernas y deja caer el brazo derecho, se acompañan además de cinco personas más (en el primer boceto solo dos personajes). Todos estos caminan en posición de marcha. Un cuadro del Museo de Louvre (fechado en 1584), con el título “La mise au tombeau” (la puesta en la tumba), sigue el tema del enterramiento de Cristo transportado en el sudario por sus discípulos, con la Virgen y otra María siguiendo la escena. Fue reproducido por el pintor Pedro Pablo Rubens (1577-1640) con el título “The Entombment”. También se conserva un grabado del cuadro realizado por Gilés Ronnelet, “ After Titian” (London B. N.).
El repertorio de temas referentes a la Pasión de Cristo se escenifica en los “Pasos”. El crucificado es el tema predilecto símbolo del sacrificio de la vida, elemento de identificación del cristianismo desde los orígenes.

El contrapunto lo tenemos en la Virgen; Ella, su propia Madre, era la persona que tenía razones mayores para experimentar el dolor del suplicio de Cristo. La información de los artistas para la plasmación de las escenas procesionales proceden de los evangelios; pero hay apelación a los evangelios Apócrifos en ciertos aspectos más o menos anecdóticos. También se trata de actualizar los acontecimientos, de ahí que a los personajes del pueblo se les coloca los trajes de la época. Cristo y los apóstoles suelen vestir con simple túnica intemporal.
El ciclo de la Pasión adquiere en la iconografía cristiana una extraordinaria riqueza de temas si se compara con otros aspectos de la vida de Cristo. Esta predilección se explica y justifica con el dogma y la liturgia. El sacrificio de Cristo en la Cruz significó la redención del género humano y su
Resurrección constituye el dogma esencial del cristianismo, el cual, ha sido tratado, en la liturgia con realce especial.
Las imágenes están talladas en madera de pino y los vestidos son de tela encolada, para aligerar el peso del grupo escultórico. Los ojos son elementos postizos muy frecuentes en estas esculturas, así como los cintos de cuero y las sandalias que calzan Nicodemus y José de Arimatea. Como únicos elementos de adorno, llevaba el paso cuatro faroles –que fueron suprimidos-, así como la corona de la Virgen. La mesa donde van colocadas las figuras, obra del mismo autor, fue instalada definitivamente en 1902; tuvo un gran elogio por la gradería de talla calada mereciendo la aprobación y aplauso de todas las personas. De esta primitiva mesa se conservan algunas partes, como los remates de la parte superior, los cuales forman un todo con la mesa actual en la que procesiona. En el año 1965 le fueron instaladas ruedas, pero al poco tiempo le fueron de nuevo suprimidas y continúa desfilando a hombros.
La composición del paso de La Conducción al Sepulcro, se basa en los evangelios. Los cuatro evangelistas recogen este episodio. Desde su fundación en 1593, ya hemos aludido que esta cofradía no había tenido otro paso con este tema. El relato evangélico nos lo describe así:
“Al caer la tarde, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José que era también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato, le pidió el cuerpo de Jesús y Pilato mandó que se lo dieran. José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en su propio sepulcro nuevo, que había hecho cavar en la roca”.
La iconografía del paso –La Conducción del Sepulcro- está representada por ocho figuras, personajes que se integran en la escena y forman parte de ella. En el centro, el cuerpo de Cristo muerto es trasladado al sepulcro por José de Arimatea y Nicodemos, santos varones, ayudados por San Juan, formando un grupo. La Virgen acompañada de María Magdalena, María la de Cleofás y María Salomé, santas mujeres, forman un segundo grupo, que le sigue al primero. Veamos a continuación la iconografía de cada una de estas figuras que componen el paso:

El cuerpo de Jesús es llevado al Sepulcro en el Sudario. Figura bien trabajada, presenta la rigidez de la persona muerta: los brazos caídos y las manos semicerradas con los dedos flexionados. Le cubre con la sábana como sudario, paño suelto que deja al descubierto la cabeza, los brazos, pies y torso, mostrando el costado derecho con la llaga sangrante –también las llagas de las manos y los pies-. La cabeza, apoyada en la sábana con los cabellos sobre los hombros, tiene los párpados caídos y la barba corta, con la boca entreabierta. El rostro sereno con una expresión de dolor mesurada. La anatomía del pecho y brazos está bien tratada, destacando un estudio minucioso y cuidado.


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